Conjetura

Se tapa los ojos con la manta.

Hace frío. Un frío aterrador. La oscuridad la cubre. Los brazos, erizados con ella. Los pies gritan en mitad del silencio, en la tiniebla. No responde nadie. Querría mantener cerrados los ojos, no ver. Pero el viento se empeña en colarse entre las pestañas, negras como el ébano, haciéndole lagrimear. La piel, tostada y tirante, se quiere volver escama, romperse y mudar. Mudar de vida. Mudar de desesperación, de incertidumbre. Mudar los recuerdos de lo que deja. Lo que deja ir para siempre. No se da cuenta, pero tiene la lengua áspera, pegada al paladar. La desabrigada garganta, reseca y dolorida; sin alternativa a la saliva que se le agotó hace unas horas. Las lágrimas de angustia se le acabaron también; cuando la rabia y la impotencia se las tragaron. Ya no siente casi nada.

De pronto, la escucha. En el centro del corazón, una llama prende. Sube, baja, se encoge, crece. Se aviva. Se torna ágil y alegre, como un latido irregular. Quema a veces, pero cobija el calor para no helarse, para no perder el aliento. La siente bailar dentro, viva, que no la deja caer inerte o dormida; para permanecer despierta y seguir peleando. Para ser fuerte, como un bravo oleaje que no se deja vencer. Para mantener, de la misma forma, la llama de esa emoción prendida.

Consigue cambiar los pies de posición. Este esfuerzo, perecedero, le cuesta un inesperado calambre más en los riñones, cinco centímetros a la izquierda de la tabla de madera que, rota, cruza la patera colmada de compañeros. Asoma la mirada. Algunos de ellos parecen más que dormidos. “Sucumbieron al frío”, conjetura, entre el miedo y el desasosiego que le atenazan el estómago.

Su pequeña llama se llama Siria. Duerme acurrucada en su regazo, entre sus tiritonas de esperanza. Ella imagina las próximas ráfagas de asilo que les auxiliarán al otro lado. Abraza a Siria con ternura y la besa como puede en la frente suave, mientras escucha el susurro nocturno de ese mar, al que llaman (aunque ella aún no lo sepa) Mediterráneo. Ese mar que le abrirá puertas a vivir después de su barbarie.

Llena de coraje.

Se tapa, de nuevo, los ojos con la manta. Hace un frío aterrador.

Anuncios

lo que mejor sabe es...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s