II. Ocres, naranjas, rojos.

Abrió la ventana, se asomó y respiró profundo.

[Siguiente entrega de la serie “LIENZO” tras I. El lienzo ]

No se quería ir de ese lugar. Había soñado tanto con pintar el verde en su lienzo, que ni siquiera podría haber imaginado que hubiese colores que le atrajeran más.

El ocre del camino le guiaba, el rojo de las cerezas le encendía el paladar y el naranja del atardecer hechizaba cada tarde. Su boceto quedaría encantador; lo miraría y cada día le gustaría más. Se veía, se sentía y enloquecía de alboroto interior con el regocijo que siembra la novedad. Se había dejado llevar por el fulgor y la candidez. Aún no lo sabía, pero había descubierto eso a lo que llamaban pasiones.

Las pasiones eran maravillosas, aunque demoledoras cuando llegaban. No dejaban ver nada, se revolvían indomables. Se apelotonaban en el pecho, desconectaban la vista y despistaban al estómago; al estómago lo hacían volar, lo subían a las nubes. Era, sencillamente, una sensación de plena felicidad y euforia.

Flotaba ese día entre los ocres de la mañana y las rojas cerezas del desayuno.

Hola… ¿Cómo estás? -la voz amarilla, después de tanto tiempo, había decidido aparecer.

– ¡Hola! Genial, me gusta todo, ojalá hubiera venido antes.

La voz sonrió para sí y replicó:

¿Estás mejorando tu obra de arte? ¿Qué has conocido?

– Los ocres, los naranjas, los rojos. Me encantan. Me hacen sentir vivo, enérgico. Con ellos alrededor, no hay motivo para no avanzar, para no moverme.

La voz calló. Él continuó:

– Sin embargo, en mi lienzo no soy capaz de pintarlos. No tengo materiales.

La voz se limitó a responder:

Sigue el camino que tenga corazón.

¿Qué quería decir con eso? Tuvo la misma sensación que cuando marchó, antes de salir de casa, en el prado.

– ¿Qué dijiste? -solicitó.

Pero la voz ya no estaba. Era especialmente hábil en dejarlo con la incógnita, recordó.

Era cierto lo que le había dicho. De igual manera que estaba absolutamente encantado con lo que los cálidos colores le daban y le hacían sentir… No podía imprimirlos en su lienzo. No se quería ir de allí sin ellos, no podía irse sin ellos. Pero no tenía las pinturas. Comenzaba a desesperar un poco.

Unos días después de que la voz se manifestara, algo comenzó a inquietarle. Empezó a sentirse nervioso, alarmado, sin saber por qué. Una especie de vacío se instaló en su mente. El corazón le rebotaba, desacompasado, y no se entendía con el tono caluroso y alegre que le había precedido.

Quiso ir al prado para pensar… Tal como había hecho al salir. Pero no había visto ninguno por el camino. Ni nada parecido. Y le sucedió al día siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente, también.

Las pasiones se la estaban jugando. Disparadas, se mezclaron entre sí. El sabor de las cerezas empalagó con la dulzura del atardecer anaranjado y el ocre de los caminos no quería saber nada de ellos. Ese embrollo tenía otra definición; la palabra era padecer. Porque las pasiones fuera de sí se padecen.

Llegó el mismo pesar. Volvió a pensar que el no podía quedarse ahí, peleando con los ocres, rojos y naranjas… Sin pinturas en sus manos, nada podía hacer, sino ir en busca de un prado que le diera la tranquilidad suficiente para pensar adónde iría ahora, qué buscaría, hacia dónde se dirigiría.

(…)

Una semana después, recoge el lienzo, enrollado sobre sí. Lo ata con un cordel y se carga a los hombros la mochila de oportunidades.

Abre la ventana, se asoma y respira profundo. Y va en busca del verde del prado, añadiendo, con su único pincel negro en su lienzo, la nota.

parentesis

Anuncios

2 comentarios sobre “II. Ocres, naranjas, rojos.

lo que mejor sabe es...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s