Días de Reyes Magos

Hace tiempo, años, me leí un libro que se titulaba así: Días de Reyes Magos.


El tiempo no es cualquier cosa. El tiempo es lo que nos esmeramos en medir y nos olvidamos de disfrutar. Contamos los segundos, calculamos los minutos y tratamos de reducir las horas. Hablamos de corto, medio y largo plazo. Nos coordinamos con un reloj en la muñeca, en el teléfono o con el huso horario mundial, adaptando a ellos nuestros hábitos.

El tiempo no tiene fecha de caducidad, pero nosotros sí. Nos hace cambiar, creer, olvidar.

Este año, me detuve a pensar en lo que os regalaría por Reyes. No sabía qué os haría ilusión. Era algo así como un “más de lo mismo de siempre”. Una pulsera, un perfume, un accesorio para el móvil, un bolígrafo o una bufanda… Buf, infinidad de conceptos, de palabras, de cosas. Y, sinceramente, veía que de todo ya teníais.

Justo en este momento, llegó este vídeo a mis ojos. Alguien muy especial me lo hizo ver.

Y, entonces, supe lo que quería regalaros:

[Obligatorio verlo completo antes de seguir leyendo.]

El tiempo anda solo. Le importa un reverendo rábano lo que la sociedad diga, estipule o considere; lo que la gente espere de la gente, lo que parezca desde fuera; el “qué dirán“. Absolutamente un comino (y mucho estoy diciendo) es lo que al tiempo le supone que regalemos un iPhone, una GoPro, una Wii o que arrasemos en las rebajas con el dinero que, de buena fe, nos han dado en lugar de ir a comprar un regalo.

Así que yo, este año, he decidido que no voy a comprar nada, que quiero regalaros mi tiempo. El mejor regalo que yo tengo sois vosotros, ni más ni menos. Y sí, quizá físicamente no podáis tocarme, no podamos tomar unas cañas y no podamos discutir en la mesa de la cocina sobre quién es más cerrado de mollera… Pero no debéis olvidar que estoy donde vosotros queráis. Estoy dentro de vosotros y vosotros estáis conmigo. Tenéis el tiempo que se os concede. Tenemos el que se NOS concede. Y recordad que el tiempo no es espacio, que la misma física separa a ambos y los distingue. No hay mayor tesoro que el tiempo. Se nos ofrece completamente, a todos por igual. Sin tiempo, no hay vida. Y, de igual manera, vuestro tiempo es el regalo más valioso que tengo.

Hace muy poco, vi una película en el cine. En ella, alguien muy disgustado le escribía una carta al tiempo, porque se había llevado el de una persona querida. Y el tiempo, indignado y ciertamente apasionado, se personificaba ante él y le decía:

-Yo soy quien debería escribiros cartas cabreado por no daros cuenta del regalo que os hago cada día.

En Días de Reyes Magos (1999, Emilio Pascual), nada extraordinario sucede. Pero cuando acabas de leer, algo en ti ha cambiado. Mi tiempo con vosotros surte ese efecto. Cuando me voy no soy la misma que cuando llegué.

Así que gracias. Este es mi regalo de Reyes, y sea donde sea, durará más que cualquier regalo material que pueda ser la compra más cara del mundo y que tenga el envoltorio más alegre o dicharachero del universo.

Os quiero siempre. Felices Reyes.

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