Rompe el jarrón

Siéntete libre. Rompe el jarrón.

Nadie dijo que no pudieras hacerlo.

(Tampoco que todos los caramelos tuvieran que estar buenos. Y, si alguien lo dijo, lo siento, pero los de cereza mentolada son horribles…).

Siéntete libre de escoger quién te gusta. De elegir con quién quieres tomar café, a quién quieres invitar a una cerveza o con quién quieres pasar la tarde en el sofá.

Siéntete libre para largarte de donde estás y empezar de nuevo. Para romper con todo. Sí, he dicho bien: todo. Descompón tu vida. Rompe con los esquemas que tienes hasta ahora. Como ese jarrón del pedestal. ¿No te acuerdas de todas las veces que lo rozaste con el codo, a punto de provocar que cayera al suelo? Ve y deja que caiga. Y, si acaso no te gusta el pedestal sin jarrón, pues vas y buscas otro. O quitas el pedestal, ya verás lo que haces.

Siéntete libre de una vez para irte de casa, para empezar a trabajar, para dejar ese trabajo, para buscar otro, para salir de viaje. Para no hacer planes, para hacerlos; para calzar unos zapatos rojos, para dejarte barba de más de dos días o afeitarte la cabeza si así lo quieres. Siéntete libre para ir y decirle a esa persona que te gusta. O para no decírselo y conseguir lo opuesto: que sea ella quien te lo diga a ti. Pero ve.

Siéntete libre para decir: no quiero, y no hacerlo. Siéntete libre para cambiar de opinión las veces que te dé la gana. Para emprender un proyecto, quedarte en el que estás o sencillamente decidir que aún no ha llegado el tuyo.

Siéntete libre de una vez para irte de casa, para empezar a trabajar, para dejar ese trabajo, para buscar otro, para salir de viaje.

¿Sabes qué? No me gusta la gente que mete prisa, que presiona. No me gusta que la gente hable sin decir nada, por llenar el silencio. ¿Por qué llenar el silencio? El silencio también es libertad. Siéntete libre para callar, y para decir lo que piensas. Para ir más despacio. O más deprisa. Cambia el ritmo; ya te lo he dicho: rompe el jarrón y empieza otra vez, hasta que sientas que es suficiente. Pero no te quedes con las ganas de oír estallar en pedazos lo que siempre fue rígido. Ni de modelar una nueva forma. Quizás de barro, quizás tallada en piedra o quizás tejida en algodón y ocupando poco espacio.

Siéntete libre para lanzarte al vacío. Para nadar en el océano, para jugar con fuego o para quedarte en tierra firme.

¿Por qué llenar el silencio? El silencio también es libertad. Siéntete libre para callar, y para decir lo que piensas.

Pero, por favor, no dejes que nadie decida por ti. Siéntete libre de hacer lo que tú quieras con tu vida. Porque es lo más valioso que tienes. Lo más tuyo que nunca tendrás, y lo más hermoso que podrás regalarle a algo o a alguien.

Siéntete libre para ser el mejor presente que te puedes otorgar a ti mismo.

Ya te lo he dicho. Rompe el jarrón. Y vuelve a empezar.

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5 comentarios sobre “Rompe el jarrón

lo que mejor sabe es...

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