Mujeres

Hoy me sale esto.

Me aburrís, me indignáis y me sacáis de mis casillas. No soporto ver cómo tratáis de manipularnos a través de mensajes subliminales, con mensajes que van a tocar la fibra más sensible y a machacar nuestra mente con sigilo y con mucho disimulo.

Con tanto disimulo, que hasta existen estudios para ello.

Es sabido por aquellos que viven (o han vivido) conmigo que, cuando veo la tele (ese cacharro parlante que emite mucha basura), y llegan los anuncios, borro el sonido. Los pongo en modo “MUTE”, porque no soy capaz de aguantar dos seguidos sin saturarme y sin empezar a cogerle manía a la marca protagonista, en líneas generales y con la gran mayoría de la publicidad que nos meten, cual olla a presión, por todos los lugares que pisamos. Puedo ponerme a disertar sobre las formas de hacernos llegar información (por nombrarlo de forma sutil); me saldría un buen tocho, pero no.

Hoy voy a meterme a hablar de un tema que me toca en primera persona. A mí y a la mayoría de los países desarrollados del mundo (con los emergentes y los subdesarrollados la cosa está empezando, o no ha empezado porque no hay medios. Pero no hay de qué preocuparse; en cuanto los haya, allá que pasará igual), y, en concreto, a nosotras, las mujeres. (Chicos, sé que vosotros también tenéis vuestras cosas. Otro día os tocará).

Todo viene porque el otro día estaba yo en el sofá, tranquilamente, y a una amiga mía le dio por ojear una revista. En la tal revista salía Blanca Suárez (actriz española muy popular conocida tanto en el cine español, como en las series españolas, como por ser imagen de una firma de sujetadores, y… qué narices, porque la tía es muy guapa y luce con estilo siempre que se la ve) en biquini. Mi amiga hizo un comentario, nada malintencionado, pero cargado de significado, refiriéndose a que la muchacha “tiene su celulitis”, y “sus curvas por debajo de la cintura”, que se le marcaban por los lazos de la braguita. En ese momento me nació rabia inmediata. “Pues claro que las tiene. Como una mujer normal, lo que es”, contesté yo. “Que nos maquillen, nos peinen, nos vistan, y luego nos pasen el photoshop a todas las que no salimos en los medios visuales. Tan monas.” (Pd: Me olvidé de que la tele engorda… A hacer dieta… Ups.)

Visceral. Es algo visceral lo que me nace cuando me paro a pensar en todos los complejos que se han empeñado en crearnos. Estoy aburrida (repito: ABURRIDA) de escuchar a una mujer detrás de otra opinar mal sobre su cuerpo. Nunca será suficiente para aceptarse, para quererse, para sentirse especial tal cual una es. Siempre habrá celulitis, barrigas, grasa, brazos fláccidos, rodillas muy deformes, tobillos demasiado feos, dedos demasiado largos, pecho demasiado pequeño, pelo demasiado fino y pieles demasiado blancas. Porque claro, con eso, siempre existirán cremas anticelulíticas y lociones poderosísimas que reducen volumen en no sé cuántas horas, champús milagrosos que dan el remedio que tu pelo necesita, y autobronceadores que te harán estar morena todo el año, así como complementos dietéticos que te ayudarán a quemar la grasa con más rapidez. Señores, ¿cómo no voy a odiar ver anuncios, si no hacen nada más que repetirme, sibilinamente y de forma incesante, que tengo que cuidarme y ponerme veinte mil productos y aplicarme otros ochenta para estar a la altura de lo que se supone que tengo que ser como mujer? Es un retintín constante y permanente de que, físicamente, no valemos un duro. Y qué bonito queda decir: “Es que la belleza está en el interior”. Hombre, pues claro que está en el interior, pero ese interior lo tiene complicado si ha de estar preocupado por LO QUE VAN A PENSAR de CÓMO SE LE VE desde fuera. Pues sí; es que me cuesta aceptar (me niego a aceptarlo sin pronunciarme) que casi ninguna del gremio sea capaz de decir: “Me siento bien con mi cuerpo, y me siento bien conmigo misma tal cual soy”.

Y no termino. Porque, encima, nosotras mismas (hablo en general, benditas excepciones) nos sentimos mal si nos reconocemos algo bonito. Parece que queda hasta presuntuoso. No te voy a decir que estés todo el día mirándote en el espejo en plan Narciso, pero, si un día te sientes guapa, ¿por qué no reconocerlo? Pues no. Hay que ver lo que nos cuesta… Tontas, tontas de remate. Nos lo tiene que decir alguien, y ni por esas.

Estoy aburrida (repito: ABURRIDA) de escuchar a una mujer detrás de otra opinar mal sobre su cuerpo. Nunca será suficiente para aceptarse, para quererse, para sentirse especial tal cual una es.

Por suerte, cada vez conozco a más mujeres que se han dado cuenta de que para sentirse bien por fuera han de sentirse bien por dentro, y no al revés. Mujeres que se han dado cuenta de lo importante que es su autoestima para estimar y apreciar lo que les rodea. En definitiva, para ser capaces de ignorar el diluvio de clichés y de bombas publicitarias tóxicas, y seleccionar aquello que realmente les interesa de lo que la vida les ofrece.

Posdata: La celulitis en la Antigüedad era considerada un símbolo de feminidad (de hecho, los hombres no tienen), se relacionaba con la fecundidad y no era tomada como una enfermedad a erradicar.(Fuente: http://www.buenastareas.com/ensayos/Celulitis/416525.html)

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Un comentario sobre “Mujeres

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